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  • Keka Peralta

¿QUÉ COLEGIO ELIJO?

Actualizado: 27 de may de 2019

Me he aventurado a hacer este post por la pregunta que varias de ustedes me han hecho, a raíz de mí propia experiencia.

Siento en primer lugar que elegir un tipo de educación hoy no es fácil para ningún papá. Si bien la mayoría sabemos más o menos que queremos para el crecimiento de nuestros niños, en el momento de tomar una decisión tenemos que considerar múltiples variables. Pienso que en parte esto ocurre porque la educación es hoy reflejo de un cambio de paradigma producto de una profunda crisis social que nos invita a replantearnos como los seres humanos queremos conocer, vivenciar, experimentar, compartir, desarrollarnos y crecer.

En mi caso cuando nació mi primer hijo teníamos claridad absoluta que no queríamos insertarlo desde pequeño en una educación tradicional, tampoco "estressarlo" con pruebas estandarizadas que seleccionaran sólo desde lo que el colegio leía como "capacidades cognitivas" "su desempeño".

Creo que uno elige también por su propia historia, lo que nos llevaba a inclinarnos a un tipo de educación donde la persona, el ser humano, en este caso el niño con sus intereses y particularidades fuera el centro del proyecto educativo.

Entonces la pregunta era ¿Qué colegio elegimos? ¿Qué tipo de educación? Si no era una educación tradicional, y no queríamos que nuestro hijos fuera tratado como un número y bajo la mirada de un sólo tipo de paradigma que centra todo en las capacidades cognitivas, nos habríamos a las llamadas educaciones alternativas, en ese momento; Montessori y Waldorf. Ambas siendo proyectos totalmente distintos tenían su base en poner en el centro de su mirar al ser humano.

Al respecto puede ser orientador mirar este video de Rebecka Korinthen.

https://youtu.be/cWF9o_b3-Sc


Pero en ese momento como aún no teníamos claridad, y no queríamos entrar en la presión de elegir, tuvimos la fortuna que un familiar abrió un jardín High Scope, encontrando ahí un lugar respetuoso con nuestro hijo y nosotros. Ahí entro nuestro niño casi llegando a los tres años, porque también habíamos tenido la posibilidad de poder estar con él hasta esa edad, acomodando nuestros horarios y proyectos personales y familiares. A sus cuatro años y medio, nos tuvimos que mudar por siete meses a la ciudad de Valdivia teniendo la suerte de encontrar un colegio Montessori particular subvencionado. Una maravilla realmente de lugar.

Al volver a Santiago, nuestro hijo ya tenía cinco años y se acercaba el tiempo de postularlo a un colegio, así que siguiendo con la línea que traíamos de Valdivia buscamos un jardín Montessori, al que fue durante ese segundo semestre. Cuando se acercaba el tiempo de entrar a primero básico por diversos motivo quedamos fuera de la postulación oficial lo que dificultó el proceso de entrar a ese colegio. En la búsqueda de una alternativa el doctor antroposófico nos sugirió un nuevo proyecto waldorf que tenía 2 años. Lo fuimos a ver y nos gustó bastante, postulamos a nuestro hijo y quedo altiro. El segundo semestre nuestro segundo hijo que tenía 3 años y medio entro al Kinder de ese colegio. Ahí estuvimos casi cuatro años, y la experiencia por sobre todo puedo decir que fue humana, teniendo cosas muy buenas y otras que no era lo que esperábamos. Puedo decir al respecto que una de las complejidades que tuvo para nosotros la educación waldorf fue el acompañamiento de una sola profesora durante los 8 años de la educación primaria. En nuestro caso personal, nuestro hijo empezó a tener diferencias importantes con la profesora, que empezaron a afectar su autoestima. Si bien habían otros apoderados que estaban felices con ella, y nosotros rescatábamos muchas cosas positivas de su quehacer, no era sentido así por nuestro hijo, y nosotros lo empezamos a ver en acciones concretas. Una de las disyuntivas que tuvimos ahí es que no se nos miró con buenos ojos al haberlo puesto en fútbol, elección que tomamos porque muchos de sus compañeros de la misma escuela waldorf jugaban, y el no se sentía lo suficientemente bueno para participar. Veíamos también, orientado por los propios doctores antroposóficos, que era una instancia genial para compartir con su papá, y para interactuar con otros niños de diferentes procedencias y así enriquecer su vida social. Pero desde el colegio y la profesora nos hacían ver que esto no estaba bien, haciéndole comentarios a él poco adecuados al crecimiento armónico de nuestro hijo,y fue el mismo quien nos empezó a pedir que lo cambiáramos de colegio. Por otro lado también empezamos a tener algunos temas con nuestro otro hijo que estaba en primero básico, algunas de esas cosas pasaban también porque jugaba fútbol o porque nosotros sus padres le habíamos hablado por ejemplo de Manuel Rodriguez, lo que se nos señalaba: no era adecuado al currículum. Nuestros hijos no se sentían bien, y nosotros eramos cuestionados, razón entre algunas otras cosas por la que decidimos sacarlos de ahí. No puedo desconocer que el paso por un colegio waldorf nos enseño muchas cosas como papás, elementos importantes para el mundo de hoy. Le permitió a nuestros hijos seguir fortaleciendo su aprendizaje desde el juego, los ritmos, y cuentos que alumbran el alma de quien los escuche. El sentido de belleza y armonía es algo que entro a nuestra casa y que sigue prevaleciendo hasta el día de hoy, y que uno ve en ellos en pequeños detalles que circulan actualmente en nuestra casa, por lo que junto con los desacuerdos que pudimos haber tenido al final de ese camino que nosotros decidimos recorrer, quedamos también agradecidos con todas las personas que trabajaron junto a nuestros hijos.

Pero salimos de ahí y nos vimos en la encrucijada de: ¿en qué colegio los ponemos ahora?. Nuestro hijo mayor iba a quinto y el más pequeño a segundo básico. La búsqueda estuvo centrada en un colegio que siguiera teniendo una mirada integral y personalizada, lo que volvimos a encontrar en el colegio Montessori donde mi hijo mayor había hecho Kinder.

En su paso por este colegio vimos reflejado y afianzado en nuestro hijos la autonomía, la responsabilidad, el diálogo adecuado para la resolución de conflictos, y algo que nos maravilla, la antorcha del saber despertada desde sus intereses y búsquedas generando una gran entusiasmo por aprender, descubrir y crear.

Sin embargo no pudimos continuar ahí ya que este año, nos mudamos de ciudad: salimos desde Santiago, para venir a vivir a Villarrica. El tema escolar no fue menor, ya que nuestro horizonte sigue siendo el mismo, que ellos puedan ir a un espacio donde se alimente su curiosidad, sus interrogantes, sus reflexiones, donde puedan compartir con sus pares resolviendo los conflictos desde el diálogo, y por sobre todo donde se los respete como persona.

Esta ha sido nuestra opción, de las que nos sentimos tranquilos. Por sobre todo puedo enfatizar que en este caminar y el que sigue creo que es fundamental observar a nuestros hijos, poder leerlos, ver cuales son sus intereses, sus preocupaciones, y estar abiertos a que ellos nos planten ciertos cambios. A veces nosotros tomamos ciertas opciones y puede ocurrir que por variadas razones ese lugar en ese momento no es el mejor para su crecimiento.

Creo en lo personal que hoy los papás sentimos mucho miedo en el momento de buscar un acompañamiento que consideremos adecuado en la educación de nuestros niños; "temor porque si es muy "academicista"", o muy "alternativo", y nos preguntamos que si ahora esta en esto: ¿qué pasará después? . Desde mi visión lo que debe prevalecer es el crecimiento integral y el respeto a la persona que empieza a caminar para aprender de la vida. Hoy en día hay estudios desde la neurociencia de que el modelo cartesiano, enfocado en el aprendizaje condicionado sólo permite el desarrollo de una parte muy reducida del cerebro, y existen nuevas y amplias investigaciones que reconocen que el cerebro es neuroplástico y que es fundamental tener sobre todo en la primera infancia experiencias que permitan al niño vincularse a su entorno desde lo sensorial, la experimentación dando gran espacio al juego, movimiento libre, así como a los ritmos.


Creo para concluir que no hay experiencias buenas o malas, y hay que estar abierto a los cambios, además de ser actores activos en la educación de nuestros niños, porque como reza el dicho la principal educación parte en la casa. Yo no puedo decir que lo hemos hecho perfecto, a lo mejor nos hemos equivocado en ocasiones. Hoy mi hijo mayor tiene que llenar algunos vacíos de conocimientos que no tiene, sin embargo, los aprende rápido, sin la presión y agobio que puede ser para un niño de 6 años, y entiende que el estudio sistemático tiene un sentido y una utilidad para él hoy, como por ejemplo: poder hablar en un lenguaje común con un niño de un colegio tradicional, o tener la oportunidad de poder postular a un colegio de idiomas. Pero así también es capaz de gestionar una investigación, una entrevista a otros adultos, etc, tener una mirada muy cálida y empática con personas distintas a él, saber reflexionar sobre sus procesos y poder compartir con nosotros sus inquietudes y preocupaciones, sentirse escuchado, respetado, y saber que el camino se va haciendo al andar.


Como dice Humberto Maturana hay tres nuevo derechos para el ser humano:


1. Derecho a equivocarse

2. Derecho a cambiar de opinión.

3. Derecho de irse de un lugar sin que nadie se sienta ofendido



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